victima abusos
Reflexiones

Abusos sexuales: protege a la infancia

Según la OMS uno de cada cinco niños, es violentado o abusado sexualmente en su entorno más cercano y de confianza, es decir, por familiares, educadores, vecinos, o párrocos. Afectando este dato de abusos sexuales a todas las razas, clases sociales, y religiones.

Las cifras son escalofriantes y las secuelas graves y de larga duración, como se puede comprobar por los testimonios de adultos que sufrieron este tipo de agresiones en su infancia.

Motivo por el cual, aunque nos duela, y no sepamos por dónde empezar, tenemos que educar a nuestros hijos en el tema y enseñarle cómo debe comportarse. Cierto es que nos da grima hablar de ciertos temas delante de criaturitas tan pequeñas. Cierto que no queremos que sepan ciertas cosas antes de tiempo, ni meterles el miedo en el cuerpo. Cierto que lo que pretendemos es que tengan confianza con los adultos de su entorno.

Entonces, ¿cómo tratar el tema sin causar males mayores?

Saber los peligros protege

En mi país se vendían, y creo que aún se venden, unas bolas de antipolillas de naftalina para guardar la ropa, que tenían la apariencia de un caramelo de anís. Sí alguien las usa hará bien en advertir a los niños que esas bolas no son caramelos, que es un veneno muy dañoso, que normalmente él no las verá, pero si alguna vez las ve nunca las tome.

Esta misma advertencia se puede hacer de aquellos medicamentos que se pueden confundir con pequeños caramelos y que por error o descuido podemos dejar al alcance de un niño. Lo mismo podemos hacer en cuanto a los jarabes que hoy en día tienen sabores que a los niños les gusta, puedes decirles, esta dosis mata los bichitos que te ponen enfermo, pero que tomarla cuando no es apropiado puede tener graves consecuencias.  

Queda claro pues que saber la verdad los protege.

Una obra de consulta especializada contiene la siguiente declaración de un convicto por abuso: “Tráiganme un niño que no sepa nada de sexo, y les presentaré a la próxima víctima”.

¿Cómo hacerlo?

¿Quiere eso decir que debemos educar sexualmente a nuestros hijos?

Pues sí y desde la más tierna edad.

Pero surge un problema muy grande en este tema, y es que la mayoría de los adultos, tampoco tenemos esa clase de educación. Muchas personas adultas, ni siquiera sabemos el correcto nombre de las diferentes partes de nuestros órganos sexuales, y somos muy capaces de ayudar a nuestros hijos con sus tareas de naturales, del cuerpo humano, cuando tratan el sistema circulatorio, el sistema excretor, el locomotor, el digestivo, pero cuando llegamos al sistema reproductor, nos da como un poco de vergüenza, como si estuviéramos iniciando a los niños en algo perverso.

Esto se  debe porque así nos ha sido trasmitido, como que las relaciones sexuales son sucias y perversas, porque no hemos tenido una correcta educación. Lo que aprendimos del sexo y de la relación entre hombre y mujer lo aprendimos en el cine y en la literatura, pero aquí pocas veces se llama a las cosas por su nombre y no son realistas.

Ahora tenemos que desaprender todas esas cosas equivocadas y aprender las cosas de nuevo, para poder trasmitirlas correctamente a nuestros hijos y nietos y que la sabiduría los proteja llegado el momento (Proverbios 2:10-12)  Así que…

Pongámonos manos a la obra

Lo bueno es comenzar desde muy pequeños y hacerlo de forma reiterada. Si te acostumbras a hablarles desde pequeños, aunque sean tan chiquirritines que no entiendan tus palabras, con el tiempo todo fluirá con naturalidad.

Comienza enseñándoles los nombres de totas las partes del cuerpo correctamente. Algunos padres les enseñan “los ojos, la boca, la nariz, las manos, la colita” (¡LA COLITA! ¿Tienen los niños colita?) Si te das cuenta, evitamos hasta el nombre correcto de ciertas partes del cuerpo. Hablarles a nuestros hijos correctamente será muy beneficioso para ellos y para nuestra relación mutua.

Después entrenémosles a decir “NO”. Una mama entrevistada lo explica así:
– Jorge y yo le enseñamos a nuestro hijo que el pene es algo privado, o personal, y que nadie puede jugar con él: ni mamá, ni papá, ni siquiera el médico. Cuando lo llevo al pediatra, le explico que él va a comprobar que todo esté bien, y que por esa razón tal vez lo toque en sus partes privadas.

Esta pareja reporta que participan en este tipo de charlas regularmente, le reafirman al hijo que siempre tiene que acudir a ellos si alguien intenta algo así, que nunca tiene que tener secretos para ellos, aunque lo amenacen seriamente si el niño ha hecho algo malo. (Algunas veces si el niño ha cometido algún error o fechoría lo amenazan o coaccionan diciéndole que perderá la credibilidad delante de sus padres)

Para no asustar al niño con estas instrucciones, tranquilícelo diciendo  que esas cosas casi nunca ocurren, que alguien quiera tocarlo donde no debe o que le pida que le guarde el secreto, pero que al igual que en el colegio se hacen simulaciones para el desalojo en caso de una emergencia esas cosas también es bueno saberlas.

Hoy en día hay un montón de libros, cuentos, y vídeos, que nos ayudan a tal menester, esta es una para los muy pequeños:

https://www.youtube.com/watch?v=41mjgha1_VA

Otra cosa muy importante es que abracemos besemos y manifestemos nuestro amor a nuestros hijos, aunque se porten mal. Si una criatura tiene un mal comportamiento tiene que ser corregida, se le tiene que tratar de enseñar cómo se actúa correctamente y si es necesario administrar disciplina, pero nunca decirle que ya no lo queremos ni privarle de nuestras caricias y besos.

Un pederasta que ejerció abusos sexuales sobre cientos de niños a lo largo de cuarenta años admitió que los muchachos que sentían una necesidad emocional de tener un amigo como él constituían las “mejores” víctimas.

Cuando los padres hemos sido víctimas

Este tipo de educación es muchísimo más difícil, cuando alguno de los progenitores ha sido víctima de abusos, pues este tema difícilmente se supera. Por ejemplo, los investigadores dicen que las mujeres que fueron víctimas de abusos sexuales en su infancia suelen casarse con hombres que abusan de niños.

Además, si una mujer no ha superado lo que sufrió en el pasado, es comprensible que le resulte difícil hablar del tema con sus hijos. En el caso de que estos sufran abusos deshonestos, puede que ella se quede bloqueada y le resulte difícil tomar medidas positivas, por lo que los hijos estarían desprotegidos.

La mente es muy complicada

Recuerdo que de jovencita vi una película que trataba de lo complicada que es la mente (“El pájaro de las plumas de cristal“). No recuerdo muy bien la película, pero en resumen se refiere a alguien que de niño había sido testigo de un crimen. Después, de adulto, algo despierta aquel recuerdo en su mente, pero en vez de identificarse con la víctima se identifica con el asesino y comienza él mismo a agredir.

¿Sucederá algo parecido en las mentes de quienes han sido abusados de niños y de adultos se convierten en abusadores? 

El trauma persiste

Puede que parezca una persona normal, pero sólo quien ha sido víctima sabe hasta qué punto está afectado. Una mujer confesó: “Considero que la sexualidad en el matrimonio es lo más difícil de mi vida. Siento la espantosa sensación de que mi padre está allí, y me entra pánico”. Muchas víctimas también experimentan falta de amor propio y sentimientos de ineptitud.

Cierto estudio indicó que los abusos pueden impedir que obtenga satisfacción de las relaciones íntimas cuando se case.

Son muchos y muy contradictorios los traumas y cómo afecta a los adultos que padecieron este tipo de abusos de niños, por eso creo que lo mejor que pueden hacer por ellos mismos y por sus hijos es buscar ayuda profesional, tratar de entender que esas cosas pertenecen al pasado, que ahora tienen una vida nueva y que está en tu mano hacer de este un mundo mejor.

Sea lo que sea, lo que nos pasó, o nos esté pasando, tenemos que parar esta espiral de abusos sexuales de niños, comencemos por sanarnos a nosotros mismos y por educar adecuadamente a nuestros hijos.

A tener en cuenta

1º Entre el 85 y el 90 % los abusadores son personas “normales” y del entorno cercano al niño y en los que la criatura confía.

2º Los niños no tienen suficiente conocimiento para inventarse ciertas cosas, si te las cuenta, préstale atención. Les resulta muy difícil hablar de lo sucedido y no saben cómo hacerlo. Si lo menosprecias diciéndole “Niño, no inventes cosas raras” posiblemente lo estás condenando.

3º Los niños no son seductores y no provocan a nadie. Los abusos sexuales no son culpa de ellos.

4º Decirles que no se lo cuenten a nadie les hace sentir culpables. Según estudios realizados, quienes no han podido hablar de sus traumas, no los han podido superar. Le ha sucedido un accidente como si lo hubiese atropellado un conductor que no conducía en condiciones, él no tiene nada que ocultar, si le queda alguna herida, es a causa de ese accidente.

Yo me sentiré feliz, si sé que cada vez más personas somos capaces de tomar las riendas de nuestras vidas, dejando atrás lo que otros tramaron para nosotros, nos hacemos responsables de nuestra vida y nuestra felicidad a partir de hoy, porque hoy es lo único que tenemos, y hoy es cuando tenemos que ser felices.

Me gustaría saber si esta información sobre los abusos sexuales te ha sido útil, puedes contactar conmigo a través del email:

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