añoranza
Reflexiones

Añoranza del pasado

Algunas veces, las personas mayores miramos al pasado con añoranza, y tendemos a decir, o pensar, que lo que sucedía en nuestra juventud era mejor.

La decisión que tomemos en la vida depende de nuestra educación, de nuestra cultura, y eso nos limita mucho más de lo que nos atrevemos a pensar. Es por lo que es muy oportuno que abramos nuestra mente, abandonemos nuestros miedos y nos acerquemos a otras cosas que no nos parecen tan normales, y que conste que aquí no estoy aconsejando a nadie a que sea temerario y se arroje desde un barco al océano para tomar un baño si no sabe nadar, ni que tomes sustancias que puedan ser nocivas, ni que practiques relaciones o esparcimiento inconvenientes.

Lo que trato de decir es que no es fácil juzgar a los demás, y desde luego bajo ningún concepto deberíamos de hacerlo, si no somos capaces de sentir las cosas como dicha persona las siente. Para poner un ejemplo fácil, usaremos los alimentos.

España es productor de aceitunas, lógico sería por lo tanto que a todos nos gustaran las aceitunas. Pues bien, en mi pequeño círculo de amigos, tengo personas que si ven una aceituna en una ensalada o cualquier otro plato, ya no lo prueban. En cambio, tengo una amiga que dice que con aceitunas y pan pasaría la vida. Otro ejemplo, en España, al igual que otros muchos países, se comen caracoles, en salsas, guisados, en arroces… Pero muchísimas personas (entre las que me incluyo) no los hemos probado nunca porque nos parecen repugnantes como alimento.

Si somos capaces de transpolar estos ejemplos a todos los otros ámbitos de la vida, nos daremos cuenta de que no se trata de que lo nuestro sea mejor, se trata de que somos demasiado estrechos de miras y de que dedicamos nada de tiempo a tratar de comprender, por qué otros piensan como lo hacen. Y cuando damos nuestro punto de vista, lo hacemos desde la arrogancia, de pensar que lo nuestro es lo único válido, lo cual nos lleva a presentar información sesgada.

Para explicaros qué quiero decir, os contaré que en estos últimos años he recibido varias veces un vídeo que dice que las personas que somos mayores, los nacidos antes de los 60, somos los últimos especímenes con valores, los únicos que jugábamos en la calle y que teníamos respeto por nuestros mayores, los únicos que disfrutamos de nuestra infancia y un montón de lindezas más. Un vídeo lleno de añoranza y de esta forma de ver que lo nuestro era mejor.

Evidentemente, a todos nos gusta recordar aquellos años en la que todas las cosas eran más simples y que ahora, con la experiencia que tenemos, si viviéramos en aquella época seriamos súper eficientes, pero… ¿es cierto que aquel tiempo era mejor? ¿Es cierto que los jóvenes eran más respetuosos con los mayores? ¿O es que tenían temor al castigo?

Añoranza… ¿de qué?

Yo, aquí en mi país, no creo que el pasado fuera mejor. Las jornadas laborales eran más largas, no todos tenían seguridad social, muchas empresas no tenían a sus trabajadores legalizados. Las carretera nacionales antiguas eran peor que algunas comarcales de las de ahora. Algunos niños no éramos escolarizados. En muchos sitios no tenían agua corriente, ni alcantarillados, no todos teníamos cuartos de baño, como mucho un retrete y para lavarnos una jofaina. Algunos niños trabajábamos a muy tierna edad. Tampoco había luz eléctrica en todos los sitios. Se nos adoctrinaba en religión y política, sin darnos más posibilidades. Carecíamos de muchísimas cosas que ahora disfrutamos en abundancia, y un largo etcétera de muchos asuntos.

En cuanto a otras cosas, os diré que yo aprendí a nadar después de nacer mi segundo hijo. Hoy mis nietos han aprendido a nadar desde chiquirritines. Yo nunca he tenido bicicleta, ni patines, y estoy muy agradecida de que mis nietos hoy puedan gozar de todo. Que puedan leer todos los libros que quieran, que tengan toda clase de lápices, que patinen sobre el suelo, que patinen sobre el hielo, que esquíen, que tengan buenos cubrecamas en invierno, y refrigeración en verano, que puedan relacionarse con gente de religiones diferentes sin que se hunda el mundo, que tengan buenos valores y civismo, que practiquen los deportes que quieran, o las aficiones que quieran y, sobre todo, que sean felices, que siempre vea sus caras iluminadas por esas preciosas sonrisas.

Sobre todo, les agradezco lo respetuosos y pacientes que son con los mayores, cuando les pedimos tantas veces que nos ayuden con nuestros cachivaches electrónicos, que no sabemos usar.

No, por mucho que la añoranza nos haga verlo diferente, no fuimos una generación mejor, ni más trabajadores, ni más respetuosos. Fuimos las circunstancias que nos tocó vivir. Hoy los jóvenes tienen otras circunstancias otras obligaciones, y otra forma más abierta de ver las cosas. Aunque, como en todo tiempo, haya una pequeña minoría de vándalos, lo normal es que sean coherentes con el tiempo que les ha tocado vivir. Cierto que hoy existen bandas organizadas que provocan mucho mal estar, pero… ¿acaso no las había también entonces? Haz memoria y las encontrarás seguro. En cuanto al malestar político, lo mismo, una fracción de la población nunca está de acuerdo con otra, durante toda la historia de la humanidad.

Yo no creo que nosotros fuéramos mejores. Sí me parece que estábamos más sometidos y como ya dije antes, las circunstancias de cada cual, personas o tiempos, nos moldean. Posiblemente la lectura de libros como ‘Sicario’ de Alberto Vázquez Figueroa o ‘Los miserables’ de Víctor Hugo, te ayuden a reflexionar sobre personas, tiempos y circunstancias.

La añoranza nos hace edulcorar los recuerdos, pero, ¿tú cómo lo ves?

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