daniel lluch secretos voz
Vivencias personales

Los mensajes de tu voz

Conocí a Daniel Lluch una calurosa tarde de verano en que acudí a uno de sus seminarios, “Los mensajes de tu voz”. Me costó  de encontrar el lugar, a pesar de que había aparcado cerca, no lo encontraba.

Luego supe que Daniel organiza sus talleres por diferentes salas, según demanda.

Pregunté a algunos transeúntes por la calle que buscaba y no la conocían. Llamé a Daniel Lluch, a quien aún no conocía personalmente, para decirle que me retrasaba porque no conseguía dar con la calle. Me dio unas directrices y pocos minutos después encontré la calle.

Era una calle amplia pero sin salida, sin asfalto y bacheada, la mayoría de los edificios parecían abandonados, y con algunas fachadas con grafitis, no era la calle más apropiada para un seminario, como tampoco era el marco, más apropiado para una señora de mi edad, pulcramente vestida y maquillada.

Los motoristas

Busque el número que me habían dado y no lo encontré sobre ningún portal. Cuando me disponía a llamar nuevamente por el móvil, un grupo de motoristas entraron en la calle sin salida, derrapando al frenar cerca de mí y levantando nubes de polvo. Eran un grupo de hombres de unos 40 años, luciendo largas melenas, al sacudir la cabeza cuando se quitaron el casco.

Me miraron, seguramente se preguntaron qué hacía una señora como yo en una calle como aquella. Los miré y con mi mejor sonrisa me acerqué a ellos para preguntarles por el número que buscaba. Me dijeron que no lo conocían, entonces les expliqué que buscaba un salón donde se celebraba un seminario sobre “Los mensajes de tu voz” me dijeron que no, que no sabían nada de eso y que ellos llevaban mucho tiempo ensayando allí. Uno de ellos abrió un destartalado portalón que me permitió ver lo que seguramente era su sala de ensayos.

Cuando nuevamente traté de llamar por el móvil se abrió la puerta de al lado donde ensayaban los motoristas, de donde salió otro atractivo melenudo. Me miró y sin dudarlo preguntó:  “¿Es usted Lola?

Me encuentra

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Daniel Lluch

Cuando le dije que sí, me invitó a entrar pidiéndome disculpas por no pensar en informarme de que los números de aquella calle seguían por dentro de la puerta que habíamos entrado y que por eso no podía encontrar el número fuera.

Entramos a un pasadizo oscuro como boca de lobo a final del cual se divisaba una tenue y desvalida luz que al menos permitía hacerte una idea de la distancia que tenía aquel corredor.

Me disculpé con Daniel diciéndole que necesitaba ir al servicio. Él señaló a la desvalida luz, para decirme que era allí donde se encontraba el lavabo,  abrió una puertecita por la que se perdió a nuestra derecha y en la que yo no había reparado, pues mis ojos aún no se habían acostumbrado a aquella oscuridad.

Cuando llegué al supuesto servicio descorrí la cortina que separaba aquel destartalado retrete del pasadizo que me había conducido hasta allí. Por un momento temí encontrarme con algún bicho y asustarme. Oriné y me limpié con un clínex de mi bolso, ya que no me fiaba de los enseres que había por allí, volviendo presurosa a desandar el pasillo hasta encontrar la puerta por la que Daniel había entrado.

Me esperaban pacientes

Todos me esperaban pacientes, aunque lo cierto es que sólo me había, retrasado unos pocos minutos, a mí me parecía una eternidad.

Después de las presentaciones, comenzó el seminario. Daniel dirigía la mirada hacia mi cuando hablaba, posiblemente porque era mi primera vez, era la nueva. Hice unos ejercicios de voz, después de ver cómo lo hacían otros.

Los secretos de tu voz

Si llegar hasta allí se me hizo eterno, el seminario se me pasó como un suspiro. Enseguida pensé que yo quería que mis nietos hicieran aquello.

Antes de despedirme de Daniel traté de concertar unas clases privadas para mis nietos, pero, cuando no por uno por otros, las clases no se realizaron, Daniel tenía sus compromisos y por mi parte juntar a todos los nietos un determinado día a una determinada hora se me hizo difícil y es que a la fin y a la postre “El verano es para jugar”.

Pero a mí, por algún motivo, me dolía que aquel guapo melenudo solo un día hubiese formado parte de mi vida. Algo dentro de mí no lo aceptaba.

Mi proyecto

Por aquellos días yo tenía un proyecto entre manos. Había encontrado a un productor que se comprometía a realizarlo, pero pasaban las semanas y aquello no avanzaba, hasta que me confesó que no encontraba la gente apropiada para lo que yo quería. Fue como si yo estuviera esperando una ocasión semejante, llamé a Daniel Lluch y le pedí ayuda.  Me dijo que sí.  

Después llame a una actriz que conocí en el seminario de Daniel y también estuvo de acuerdo en prestarme ayuda. Unas cuantas llamadas más y todo tomó forma.

Si de algo puedo presumir y estar agradecida en esta vida, es de la gente que me rodea, pida lo que pida todos me ayudan, y es que las personas somos buenas por naturaleza.

El rodaje

Durante el rodaje lo pasamos muy bien y conocí a otros profesionales estupendos como a Ana la maquilladora, gran persona y de trato agradable.

Por desgracia y por motivos que no vienen a cuento, mi proyecto no salió a luz, pero como yo soy de las que piensan que las cosas siempre pasan por algo, me quedo con el buen sabor de boca de haber estrechado lazos de amistad con grandes profesionales.

Contacto virtual

Desde entonces nos mantenemos en contacto por las redes y si tenemos algo personal por whatsapp. De esta manera Daniel Lluch me mantiene informada de sus actividades y, siempre que puedo, voy a los conciertos que prepara para sus alumnos, a quienes voy conociendo poco a poco y cada vez más.

Maravillosas personas que como todos nosotros tratan de vencer sus miedos y sus circunstancias.

Lecciones de superación

Cumplir los sueños

Conocer a un hombre de 82 años, cuya ilusión de vida es cantar, sobre todo porque le hace la vida más llevadera desde que perdió a su esposa.

Conocer a una mujer preciosa, luchando por rehacer su vida, después de librarse de la relación con un marido psicópata.

Conocer a una joven que ama la música y que sus padres no la comprenden y tiene que realizar su ilusión con dolor de corazón por no poder compartir su don con quienes ama, para poder asistir a clases de canto.

Ver sus progresos en cada concierto me llena el corazón de alegría y orgullo como si fueran hijos míos.

Seres que te llegan

Ese es el milagro de acudir a algunos pequeños seminarios, aunque parezca que no tienen nada que ver contigo. Además de que siempre aprendes algo, conoces a otras personas, cuyo coraje por alcanzar sus objetivos son toda una lección que te da la vida. Si permites que te toquen el corazón, saldrás fortalecido como persona.

De esta manera, tan normal o tan anormal, he llegado a sentir un gran aprecio por personas que hasta hace poco tiempo no conocía, por eso doy gracias a todos los alumnos de la escuela de Daniel Lluch por regalarme sus vivencias  y haber tocado mi corazón.

Tal vez quieras contarme como llegó a tu vida esa persona que sin ser familia te tocó el corazón, como a mi Los mensajes de tu voz.

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