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Reflexiones

Debatir, un arte en desuso

Debatir es todo un arte, que hace que adquiramos nuevos puntos de vista, que nos reafirman en aquello que creíamos saber, o hace que aceptemos que nuestro criterio no era el más óptimo.

Según esta forma de definirlo, nuestro interlocutor se convierte en nuestro maestro, en vez de en nuestro oponente, aunque no sea en ese mismo momento que nos demos cuenta de ello.

Siendo pues esto así, cabría preguntarnos, ¿por qué las discusiones o debates nos convierte en enemigos en vez de en colegas?

Creo que la respuesta es porque las personas no queremos saber la verdad, lo que queremos es tener la razón, aunque eso sea enterrar la verdad.

Enterrar la verdad

Enterrar según qué verdades puede resultar conveniente para algunas personas, pero evidentemente no evitará que cometamos los mismos errores vez tras vez, puesto que nos negamos a saber la verdad.

El hecho de enterrar la verdad delante de otros, también puede ayudarnos a mantener nuestra imagen limpia de aquellos errores que socialmente están mal vistos, o que nos pueden acarrear una pérdida de nuestro estatus social.

Pero lo cierto es que enterrar la verdad es un crimen, porque la verdad está viva y no se la podrá callar por siempre.

Pero… ¿qué es la verdad?

¿Qué es la verdad?

Según cierta definición, la verdad es la coincidencia entre una afirmación y los hechos o la realidad a la que dicha afirmación se refiere. El término se usa en sentido literal en campos como la ciencia, las matemáticas, la filosofía etc.    

Esto nos conduce a que entendamos que una creencia puede ser subjetiva, pero la verdad tiene que ser objetiva y demostrable.

Y he aquí lo difícil, y por lo que estamos dispuestos a enterrar la verdad. Porque no sabemos cómo demostrar objetivamente que nuestras creencias se pueden sostener por pruebas irrefutables y concisas. Y como no queremos despojarnos de las falacias sobre las que hemos montado nuestra existencia, tratamos de seguir echando tierra sobre la verdad.

Es decir, estamos dispuestos a matar a la verdad, para seguir siendo esclavos de nuestras falacias.

Conocerán la verdad y la verdad los hará libres

Esta aseveración atribuida a Jesús en Juan 8: 32 nos dice que solo mediante conocer la verdad la humanidad será libre. Pero… ¿puede alguien ser verdaderamente libre?

Pues bueno… Libres para hacer lo que queramos no. Pero conociendo la verdad de la realidad en la que vivimos, podemos libremente optar por hacer aquello que más nos plazca, a sabiendas de que en esta realidad todo hecho tiene unas consecuencias.

Un niño pequeño ve a un pajarillo en la rama de un árbol que prende el vuelo, como no conoce la ley de la gravedad, se sube a una rama desde la que se lanza con la ilusión de volar y se da de bruces contra el suelo.

¿Es libre el niño para intentar volar? SÍ. ¿Puede volar como un pajarillo? NO ¿Limita esa verdad el deseo del niño? NO. De hecho, la humanidad ha aprendido a volar  y posiblemente en algún momento consiga hacerlo sin artefactos.

La verdad nos sirve para reajustar el camino o los medios

Como hemos visto por el ejemplo del niño que quería volar, el conocer la verdad nos sirve para saber qué camino no es el correcto y poder modificarlo. O para seguir observando, hasta encontrar por qué mecanismos el pajarillo puede volar y yo no.

El que nos demos cuenta de que lo que hemos hecho hasta ahora no es lo correcto, o lo más conveniente, nos sirve para saber que tenemos, que actuar de otra manera para obtener aquello que deseamos. No para dejar de esforzarnos por aquellas ilusiones que tenemos.

Debatir para obtener otros puntos de vista

Evidentemente, pues, para conocer la verdad tendremos que escuchar y con atención a aquellos que piensan diferente de nosotros. No con la intención de sobresalir sobre ellos, sino con la intención de saber si el nuestro es el camino correcto.

De lo contrario, nos convertiremos como las mentes cerradas, que condenaron a Galileo o a Sócrates, o seremos cazadores de brujas. (Hechos de los apóstoles 5: 38,39) Sabias palabras de Gamaliel.

Siendo pues que queremos saber lo que saben otros para asegurarnos de si nuestras creencias o conocimientos son verdad, lo que deberíamos hacer en primer lugar es plantearnos a nosotros mismos las preguntas que otros nos podrían hacer. Simplemente porque las cosas son, o no son.

O las personas podemos volar, o no podemos.

Debatir para aprender

Debatir sobre ciertos temas hoy en día es tabú, pues muchas personas, en vez de discutir, acusamos de tal o cual cosa a nuestro interlocutor. Predisponemos a los demás, que al igual que el acusado no tienen argumentos para sostener su punto de vista, a intimidar por la fuerza del grupo a quien tiene una opinión diferente, lo cual es otra manera de enterrar la verdad.

Que muchos opinen igual no quiere decir que tengan razón.

También puede pasar que la persona que quiera opinar diferente que nosotros, tal vez no consiga expresarse de una manera óptima, lo cual no le quita la razón. Es por ello que deberíamos animarlos a que nos explicaran qué quieren darnos a entender, en pro de que entendamos los asuntos cuanto antes mejor.

(En este texto ya traté el tema de cómo hablar de forma eficaz).

Y después de un debate, ¿qué?

Seguramente cuando llegues a casa le darás muchas vueltas a lo largo de los días, y pensarás en cosas que podrías haber dicho y no dijiste, y en cosas que los otros podrían haber respondido.

Es decir, después de un debate, estás en posición de seguir aprendiendo sobre el tema tratado, con una perspectiva mucho más amplia. Gracias a quien no estuvo de acuerdo con tu punto de vista, ahora puedes reafirmarte en lo que tú creías que era la verdad o estás en disposición de reinterpretar tus creencias, lo cual siempre te beneficiará.

Así que, sinceramente, creo que un interlocutor, aunque esté en desacuerdo conmigo, es mi maestro.

¿Y tú que crees?

¿De qué cosas has debatido, que puedan ser o no ser? ¿Sobre qué te gusta debatir?

Puedes dejar tus comentarios a continuación o en mi página de facebook, dónde tendrás acceso a este y otros textos.

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