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Vivencias personales

El parque de las barras

El otro día, el penúltimo de mis nietos (9 años) me pidió que lo llevara “al parque de las barras”. “¿Cuál es el parque de las barras?” – Pregunté. Como primera respuesta me mostró un vídeo de YouTube  donde se mostraba algunos jóvenes haciendo figuras imposibles sobre barras.

– Pero… ¿esto es aquí en nuestro pueblo? -Volví a preguntar incrédula. Me afirmó que sí y que lo conocía porque había estado allí con el padre de su amigo del alma.

– ¿Y por dónde está, que yo no lo he visto nunca? Mi nieto trató de explicármelo, y cansado finalmente dijo:

– No te lo puedo explicar, pero yo sé cómo se va.

Recorremos mentalmente las zonas del pueblo

Parque de barras – Calistenia

Yo, segurísima de que tal parque no estaba en nuestro pueblo, traté de que mentalmente dividiéramos nuestro pueblo por zonas y repasáramos los parques existentes, y nada, mentalmente no lo encontramos. Pero él seguía asegurándome que tal parque existía, así que para no mover el coche en la dirección incorrecta, buscamos en google “parque de barras” seguido del nombre de nuestro pueblo, y maravilla de las maravillas, allí estaba el parque que mi nieto me mostrara antes en YouTube. Reconocí ante mi nieto mi error de pensar que con mis 66 años que estoy en este pueblo existe un parque que no conozco.

Buscamos la dirección y… otro jarro de agua fría para mí, pues el dichoso parque está en una zona y una calle de las antiguas del pueblo y que conozco desde pequeña y sería incapaz de decir cuántas veces he pasado por allí.

Nos disponemos a visitar el parque

Mi pueblo es de los más grandes de la comarca, con más de 23.000 habitantes, tiene algunas zonas nuevas, pero no pude poner la excusa de que era una zona que no conocía, así que arrancamos el coche y nos fuimos en busca de parque desconocido. Conforme iba tomando calles con el coche, mi nieto me decía lleno de gozo porque lo llevaba al parque de las barras, “Sí, por aquí!” Finalmente llegamos y aparcamos. Yo conocía aquel parque desde su creación, pero ignoraba que lo habían dotado de las barras para que los jóvenes pudieran practicar esos imposibles ejercicios que están tan de moda.

Estaba ocupado

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Calistenia

Nos encontramos allí con cuatro jóvenes, les calculé entre 18 a 28 años, barbudos, con las cabezas con unas zonas rapadas y otras pelo largo, con tatuajes, con un equipo de música con la música muy alta, para estar en un sitio público, dentro de la zona urbana. Es decir, el típico ambiente al que yo no llevaría a mi nieto, una tarde noche, pues ya estaba oscuro de mediados del otoño.

Pero me resonaban los consejos de mis hijos (benditos sean) diciéndome “Mamá, no coartes a los niños con tus miedos” “Mamá, haces bien en corregir el habla de los niños, pero acostúmbrate, porque ahora los jóvenes hablan así, es el vocablo en  las escuelas, en la calle y  de los YouTubers

Sentada pasando frío

Así que allí estaba yo una tarde noche muy fría, viendo a mi pequeño nieto un poco intimidado porque aquellos chicos grandotes sabían hacer cosas que él no sabía, escuchando una música que no supe identificar, y observando cómo aquellos muchachos, hombres ya, entre ejercicio y ejercicio, hablaban de sus asuntos, de su familia, del trabajo, de dietas, de todo, solo que todo contaminado de muchas palabras que a mis oídos sonaban groseras. Y pensé que, aunque su aspecto y su forma de hablar a mí me intranquilizara, eran personas normales, con los problemas normales y deberían de ser sanos ya que su tiempo libre lo dedicaban a practicar deporte, sin gastar nada.

Volvemos al “parque de las barras”

Bueno, el caso es que hemos vuelto algunas otras veces al susodicho parque de las barras, en parte porque a mi nieto le encantan esos ejercicios y en parte porque me quiero redimir de mi empecinamiento, de que yo conocía todo mi pueblo.

Un día de regreso a casa, mi nieto parecía contrariado e intuí que el motivo era que no avanzaba en su aprendizaje, porque él siempre hacía lo mismo y no aprendía ninguna figura nueva. Así que después de una corta conversación para asegurarme de que mi intuición era cierta, le aconsejé como en otras ocasiones.

Consejos de abuela

– Bueno, lo que tienes que hacer los días que no puedas venir, cuando tengas unos momentos, es cerrar los ojos y visualizar cómo son esos ejercicios que quieres aprender, cómo tienes que poner tu cuerpo, qué fuerza tienes que hacer y en qué parte del cuerpo la tienes que hacer. -Pero mi nieto con 9 años ya está harto de oírme esos consejos y muy en serio me respondió.

– Yaya, eso es una tontería, entonces no haría falta que hiciera matemáticas, ni que fuera a clases de inglés, solo cada noche me acostaba lo pensaba y ya está, ya lo sabría.

Jajaja, me encantan mis nietos, tienen una lógica aplastante y hacen que me enfrente a las cosas que digo y como las digo. De tal manera, que me di cuenta de que el visualizar aquello que queremos hacer o tener es solo una pequeñísima parte del proceso de conseguir nuestras metas, por lo que traté de explicarle todo el proceso, pero su estado de ánimo no era muy receptivo. Así que lo intentaré de nuevo en otra ocasión.

Pero de momento me quedo con que cada vez que yo trato de trasmitir algo, soy yo la que aprendo, y que mis mayores maestros son mis hijos y mis nietos.

¿Y tú, tienes nietos? ¿Aprendes de ellos? Me gustaría que me lo contaras.

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