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Reflexiones

El viaje más largo de nuestra vida

¿Cómo se prepara el viaje más largo de nuestra vida? Seguramente en algún momento habrás visto un programa, reportaje o serie, basado en algún viaje, o en algún propósito. Por ejemplo, el Doctor Félix Rodríguez de la Fuente nos condujo a través de la fauna ibérica por todos los hermosos parajes de dicha península. Otro ejemplo son las recetas de Julie, que sirviéndose de la gastronomía, nos pasea por la hermosa Francia.

El propósito de estos u otros viajes tienen un fin común, llegar a un destino y que el viaje nos aporte un sinfín de estímulos placenteros, que consigan que pensemos que ese viaje valió la pena realizarlo.

Pero claro está, cuanto más largo o complicado sea el viaje, más preparación se requiere, en todos los aspectos.

Si tomamos como ejemplo los dos programas antes mencionados, y a falta de saber la motivación primigenia para llevarlos a cabo, supondremos que sea el dar a conocer las maravillas del entorno, recoger un inventario de lo que compone la materia que tratan y conseguir que se persevere a través del tiempo.

Una vez conocida la meta o la pretensión, tendremos que saber qué recursos necesitamos, cuáles de ellos tenemos ya en estos momentos,  dónde y cómo conseguir los que nos faltan, para lo cual es muy importante, tener una hoja de ruta.

La hoja de ruta

Cuando confeccionamos una hoja de ruta elegimos las carreteras o caminos por los que tendremos que adentrarnos hasta llegar a nuestra meta. Estas carreteras o caminos nos mostraran qué tipo de equipamiento tendremos que organizar. No es lo mismo conducir 100km por autovía, que andar 50km monte a través. No es lo mismo preparar un coche, que unas zapatillas de montaña, ni se requiere el mismo estado físico o mental.

Muy importante saber dónde pararemos para hacer un alto en el camino. Esto nos sirve no solo para descansar, sino también para ver si la ruta que hemos tomado es la más conveniente para nuestro propósito y poder rectificar a tiempo en caso necesario. Una vez comprobado lo anterior emprendemos nuevamente la marcha renovados.

Para confeccionar adecuadamente la hoja de ruta, necesitaremos siempre, siempre, un mapa y una brújula. Sobre el mapa marcaremos nuestras etapas, procurando darnos siempre suficiente tiempo, pues los imprevistos son inevitables y algunos requieren tiempo y dinero. Recuerdo un viaje que organizaron mi esposo y mis hijos al Francia. Uno de los coches se averió, lo que les obligó a modificar sus planes.

Documenta tus viajes

Para que realmente tu viaje resulte provechoso, no solo en el momento de llevarlo a cabo, sino que además sea una experiencia que te sirva para  siempre, documéntalo.

Las fotos y los vídeos son muy importantes, pero no conseguirán todo su potencial si no forman parte de un diario del viaje. Ahí se dará constancia de todos los estados emocionales de los participantes. Y digo todos, no solo los positivos, porque lo realmente maravilloso de este tipo de viajes es como nos refuerza como seres humanos, a través de todos los matices emocionales que nos hace vivir.

Y con todas estas premisas, válidas para cualquier viaje, organicemos el viaje más importante de nuestras vidas, pues es un viaje sin retorno.

El viaje más largo de nuestra vida

Alguien podría pensar que el viaje más largo es el de nuestra propia vida, pero como ese no lo decidimos nosotros, no lo valoraremos en esta ocasión. Hoy nos ocuparemos un poco del viaje más largo al que seguramente nos enfrentamos en nuestra vida, que es nuestro viaje como padres.

Casi todos decidimos ser padres llenos de ilusiones, pero muy pocos estamos preparados para ello a pesar de la mucha literatura al respecto. Aunque claro, tú podrás argumentar: “Si el parto es algo espontáneo, amamantar y atender la higiene de un niño no es tan difícil. ¿Dónde está la complicación?”  Cierto, tienes razón, nada es difícil y si algo no sabes se puede aprender, la dificultad está en la duración.

Detente un momento y presta atención a este ejercicio que sugirió en una charla una psicóloga.  La psicóloga mostró a la audiencia un vaso de agua a medio llenar, todo el público esperaba la pregunta de ¿cómo ves el vaso medio lleno o medio vacío? Pero en contra de lo esperado, ella pregunto qué cuanto creían que pesaba el vaso. Las respuestas oscilaron entre 200 y 300 gramos, después de dar un tiempo para las respuestas, la psicóloga aclaró:

Si yo sostengo este vaso un poco de tiempo, pesa poco realmente, pero después de una hora el brazo me duele, si sigo aguantándolo un largo tiempo el brazo se me entumecerá y llegara el momento que no podré soportarlo”.

Este ejercicio nos sirve para visualizar que aunque las cosas no sean difíciles, si requieren un esfuerzo sostenido en el tiempo, necesitarán de un buen entrenamiento. Y te puedo asegurar que, para un viaje de décadas de años, se necesita entrenamiento constante.

Empecemos por el principio

Lo más importante en un viaje, es conocer bien a tus compañeros de viaje, porque este viaje no se puede hacer en solitario. Tendrás compañeros de viaje perennes, como tu pareja, los abuelitos del bebé, así como los tíos y demás familiares. También tendrás los que te asistirán en algún tramo del mismo, como amigos, cuidadores, colegios etc.

Cuida bien a tus compañeros de viaje perennes. Hazles saber en cada tramo del mismo cuáles son tus metas y objetivos, para que te puedan ayudar y no ser un estorbo. Acepta sus consejos y puntos de vista si los consideras provechosos. De lo contrario, dales las gracias, pero reafírmate en tu criterio, es TU viaje.

Como ya hemos dicho, no se puede prever todo, así que no organices todo, y mucho menos lo que no dependa de ti. No pretendas que tu hijo sea tal o cual cosa, pero conforme la criatura se vaya desarrollando y muestre sus habilidades, foméntalas, aunque a ti eso no te guste. Mientras llega ese momento, exponlo a toda clase de actividades, intelectuales, artísticas, deportivas, sociales etc. *

Tal vez a ti te gustaría que tu hijo fuera cantante, o tuviera un doctorado en ciencias, porque eso te hubiera gustado ser a ti y no tuviste la ocasión. Sin embargo, tal vez la criatura se sienta más a gusto dibujando, nadando, plantando semillas, o qué sé yo. Simplemente, déjalo que se desarrolle mientras le abres puertas. La meta de todo padre debería ser tener hijos realizados y felices. Algo que no tiene nada que ver con tener hijos consentidos, haraganes y egoístas.

Lo de tratar de exponer a los niños, según su edad, a diferentes actividades, es algo para tener muy en cuenta. Muchos padres hacen, por ejemplo, el esfuerzo por llevarlos a un cine, pero luego no le sacan provecho, hablando acerca de lo que les ha parecido o de cómo se han sentido cuando a tal o cual protagonista le sucedía tal o cual cosa. Esta actividad es muy conveniente por pequeños que sean los niños. Los ayuda a saber analizar la información que les llega, a saber identificar diferentes emociones, y a saber expresar con palabras todo eso. Así que si sois de los que os gusta el cine, sacadle provecho.

Intégralos desde el principio

Esto es algo que ya muchos padres ponen en práctica, integrar a sus hijos desde el principio en toda clase de actividades. Tengo unos amigos a los que les gusta el senderismo por montaña y siguen haciéndolo con el bebé en una mochila a la espalda. Evidentemente, tendremos en cuenta el tiempo que los niños puedan estar en dicha actividad, puesto que sabemos que según los años y el temperamento tendrán más o menos aguante para ciertas actividades. Por ejemplo, no puedes pretender que un niño pequeño esté toda la tarde entretenido con un puzle mientras tú estás de cháchara con tus amigos. Los juguetes, cualquier tipo de juguete, no son niñeras, y al igual que tú tienes necesidades de sociabilizar, tienes que saber cuáles son las necesidades de cada niño según su edad y temperamento.

¿Cómo te sentirías si tu cónyuge tuviera la costumbre de reunirse con amigos y para que tú no molestes te sentara en un cómodo sillón con una revista para que te entretengas? ¿Te das cuenta ahora por qué muchos niños rompen los juguetes, o lloran aparentemente sin motivos? Solo quieren que les prestes atención y ver en tu cara la misma alegría cuando estás con ellos que cuando estas con tus amigos.

Claro está que también los padres tienen necesidades, y una de ellas es estar con los amigos sin estar pendientes de las necesidades de la criatura. Ese será el momento ideal para requerir la ayuda de los abuelitos o los tíos.

También puede ser a la inversa, que los abuelitos o los tíos planeen alguna actividad y quieran llevar con ellos a los pequeños, en ese caso se debería de permitir para que los lazos familiares se refuercen.

En algunas ocasiones nuestros nietos nos han acompañado a varias presentaciones de mis libros, a ver pinturas o a conferencias, y se han portado con mucha dignidad, incluso los más pequeños. Se trata de saber qué puedes esperar de ellos.

EJEMPLO:

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En los restaurantes en España suele haber tronas para que los niños pequeños puedan estar sentados a la mesa junto a los mayores, pero evidentemente, nadie esperaría que una criatura muy pequeña use el cuchillo y el tenedor. Es decir… no pasa nada porque la criatura coja los pequeños trozos de comida con la mano para llevárselos a la boca, o que si usa el tenedor lo haga como si fuera un puñal y no atine a llevárselo bien a la boca.

Tampoco pasa nada porque corra un poco por la amplio corredor de un pasaje de pinturas, siempre que no moleste a los visitantes. Tal vez de pronto lo verás plantarse delante de un gran cuadro fascinado, por todo lo que le trasmite. Cuando te des cuenta de que ya es demasiado para él interrumpe la visita, ya la terminarás en otra ocasión.

Un paisaje cambiante

En este largo viaje es frecuente los cambios de paisajes y de temperaturas. Tienes que estar dispuesto a aprender nuevas cosas y a equiparte con nuevos accesorios. Tal vez comenzaste el viaje en una brillante primavera, después pasaste por un agotador verano y ahora en invierno una imprevista nevada te obliga a conducir con cadenas, algo que nunca habías previsto.

No es lo mismo una criatura recién nacida, que una de tres años, que una de trece, que una de veintitrés, por eso tienes que estar en continuo aprendizaje. El  viaje es muy largo y al principio no puedes cargar con todo lo que necesitarás, porque ni siquiera sabes qué vas a necesitar. Lo único que tienes que saber es que todo se puede aprender, pero no dejes de hacerlo.

Cuando la criatura ya esté en la edad de que puede tener hambre y prepararse ella sola algo, no quiere decir que ya se las puede apañar sola. Esa es la edad en que más nos necesitan, aunque ellas no lo reconozcan. Es entonces cuando los padres más tenemos que aprender. Es el tramo más duro del camino, puesto que los mensajes de nuestras criaturas nos llegan encriptados.

Trataremos esta parte tan dura del viaje en un próximo post.

Gracias por tu atención y mis felicitaciones si estas inmerso en este maravilloso viaje. Agradeceré tus experiencias en lolacampa001@gmail.com o en los comentarios de abajo.


* En este post ya os hablé sobre el papel de los padres en la educación de los jóvenes y cómo proveerlos según su don.

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