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Feliz aniversario – Bodas de plata

Asistir a un aniversario de bodas de plata (25 años de casados) es, posiblemente, más importante y más emotivo que asistir a una ceremonia de bodas. La ceremonia de bodas es importante para los implicados, es como la piedra angular sobre la que se basará toda la estructura, de esa nueva vida que comienzan a recorrer juntos, y conviene que sea fuerte sólida y asentada sobre un terreno óptimo. Sin embargo, en ese momento, ni los asistentes, ni posiblemente los novios, puedan saber cómo lucirá el edificio años más tarde, lo cual dependerá de los materiales que a partir de ese día se utilicen para la construcción (1ª de Corintios 3: 12).

En unas bodas de plata, quienes hemos estado cerca de los constructores, y conocemos sus esfuerzos por adquirir esos materiales preciosos para edificar una gran estructura sobre la piedra de fundamento que fue su matrimonio, somos capaces de apreciar sus esfuerzos, felicitarlos y desearles toda clase de bendiciones y la celebración de mucho más aniversarios.

La ceremonia de aniversario

Nuestra pareja quiso celebrar sus 25 años de matrimonio con una ceremonia religiosa. En ella renovarían los votos con que sellaron su compromiso el día de su boda. Algunos de sus amigos más cercanos leyeron los mismos textos bíblicos que se les leyeron hacía ya tantos años… El primero fue el de 1ª corintios 13: 1-3:

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

Este texto nos enseña que las obras carecen de valor si no están realizadas con amor.

Y yo recordaba cuantas veces entre ellos habrían hablado en la lengua de los hombres y en la lengua de los ángeles para tratar puntos de vista divergentes entre ellos, hasta que el amor les hacía visualizar cual era el camino correcto. Y eso mismo habían hecho al amonestar o proponer puntos de vista diferentes a los seres queridos de su entorno. Les marcaron pautas desde el amor y darles la libertad para que forjaran su propio destino.

Todo el conocimiento y toda la fe lo ejercían mediante el amor. Todas las dádivas las ofrecían desde el anonimato y por amor al semejante, sabiendo que también son criaturas de Dios.

Otro amigo leyó los siguientes versículos de esa misma carta de Corintios (1ª Corintios 13: 4-6) que dice:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.

Podemos escucharlo de la voz que tan hermosamente canta José Luis perales en ‘Amor sin límites’.

Y… acaso no sabía yo de algunas de sus esperas por amor, de algunos de sus perdones, de algunas de las cosas que habían soportado y como al final el AMOR nunca falla.

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Las bodas de Caná

Llegado el momento, el sacerdote mencionó las bodas de Caná para destacar el papel de María, la madre de Jesús, pasaje que se encuentra en el capítulo dos del evangelio de Juan. (Juan 2: 1-10):

Al tercer día hubo una boda en Caná, un pueblo de Galilea. La madre de Jesús estaba allí, y Jesús y sus discípulos fueron también invitados a la boda. Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dijo:
—Ya no tienen vino.
Jesús le contestó:
—Mujer, ¿por qué me dices esto? Mi hora no ha llegado todavía.
Ella dijo a los que estaban sirviendo:
—Hagan todo lo que él les diga.
Había allí seis tinajas de piedra, para el agua que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada tinaja cabían de cincuenta a setenta litros de agua. Jesús dijo a los sirvientes:
—Llenen de agua estas tinajas.
Las llenaron hasta arriba, y Jesús les dijo:
—Ahora saquen un poco y llévenselo al encargado de la fiesta.
Así lo hicieron. El encargado de la fiesta probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde había salido; solo los sirvientes lo sabían, pues ellos habían sacado el agua. Así que el encargado llamó al novio y le dijo:
—Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido bastante, entonces se sirve el vino corriente. Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora.

Este relato nos cuenta que Jesús, su madre y sus discípulos asistieron como invitados a una boda en Caná, un pueblecito de Galilea. En un momento determinado su madre le dice a Jesús: “No tienen vino”, pero Jesús, que estaba en la fiesta con sus amigos, le responde: “Qué tengo que ver, mi hora aún no ha llegado”.

Pausa aquí un momento la lectura. Piensa en cuantas veces les has dicho a tus hijos, o a alguien que es como un hijo para tí, algún consejo que de momento no han aceptado. Como si te dijeran: “Eso no me importa, que tengo que ver”. Sin embargo, después de un tiempo han aceptado y se ha producido el milagro, como el de la conversión de agua en vino.

Las palabras de una madre dichas con y por amor producen milagros.

Pero para mí la transformación del agua en vino en el caso de aplicarlo a esta pareja en concreto tenía más significados.

Ella siempre había sido una mujer muy industriosa, desde muy jovencita trabajó y estudió a un tiempo, y siguió trabajando después de casarse. Él, de recién casado, comenzó un negocio que años después abandonó por otra alternativa más productiva. El caso es que han ido prosperando más y más según pasaban los años.

Lo fácil sería decir “es que han tenido suerte”, o “es que… son muy listos”. Pero, para mí, sentada en el último banco de la parroquia, siendo un testigo silencioso de la renovación de sus votos en aquel aniversario tan especial, supe cual había sido el secreto de su éxito, tanto a nivel emocional como de prosperidad material.

El AMOR con que enfrentaban todas las cosas, y el tener a Jesús el Cristo en sus vidas, hacía que progresaran en todo sentido, transformando su agua en vino en los momentos precisos. Como dice Eclesiastés 4: 9-12: Mejor son dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente! Una triple cuerda no se rompe fácilmente.

Mis bendiciones para ellos en su aniversario.

Ahora tú, lector, que siempre me regalas tu presencia en el blog, ¿Cuántos años llevas casado? ¿Has celebrado el 25 aniversario? ¿Es el amor el motor de tu vida? Cuéntame tu experiencia en los comentarios.

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