terapéutica
Manual de escritura

La escritura terapéutica

La escritura terapéutica es algo que utilizan en algunos casos los psicólogos, para que sus clientes encuentren salidas o argumentos por sí mismos. Evidentemente, tal vez no es apropiado para todos, en todas las situaciones, y es el criterio del psicólogo el que lo podrá recomendar para una persona que tenga problemas tal vez graves. Nunca nosotros pediremos a un enfermo de salud mental que realice ningún ejercicio por nuestra cuenta, pues podría ser contraproducente y agravar más un problema emocional, o emborronar aún más una mente que en estos momentos esté en oscuridad. Por otra parte, tampoco sabríamos qué tipo de ejercicio sería el apropiado en cada situación, pues posiblemente el terapeuta pacte unos ejercicios u otros dependiendo del estado actual del paciente en esa misma sesión.  

Una vez comprendido que nunca recomendaremos ningún ejercicio a una persona que lo que necesita es la consulta de un profesional, vamos a ver cómo nosotros, que no estamos enfermos, nos podemos beneficiar de este tipo de ejercicios de escritura terapéutica.

Seguramente sabréis que los pedagogos, educadores y médicos han ideado formas de enseñar para niños con problemas de aprendizaje, que han logrado que algunos niños pudieran comprender o atender en clases que les eran tan complicadas que no podían avanzar, ni adaptarse al ritmo de los compañeros de su misma edad. Cuando estos programas se probaron en niños que si aprobaban las clases regularmente, se produjo en ellos un avance grandísimo, lo que demostró que, con unas formas diferente de presentar las materias, todos se beneficiaban mucho más.

Eso es lo que sucede también en la escritura terapéutica, que no solo ayuda a personas que psicológicamente necesiten ayuda, sino que es sumamente beneficiosa para las personas consideradas “sanas”.

Diario terapéutico

Como bien su nombre indica, es un ejercicio diario. Evidentemente, no tiene que ser un enunciado de todo lo que has hecho durante el día, ni tomarte mucho tiempo (a no ser que por tus circunstancias de ese día, decidas dedicarle tiempo a algún asunto). Unos cinco minutos puede ser suficiente.

Normalmente vivimos en piloto automático, puesto que un día tiene las mismas actividades que otro día, pero a todos nos sucede en algún momento, que algo nos molesta, que nos duele algo o nos hemos hecho daño en algún sitio, que hemos visto o sabido algo que nos ha impresionado. O, tal vez, que algo que impresiona mucho a otros a nosotros nos deja indiferentes, que alguien nos cae bien o alguien nos resulta insoportable, que nos sentimos queridos o nos sentimos humillados, si hemos realizado algo con agrado, o nos ha fastidiado. A estas cosas son las que les prestaremos atención.

Si al escribir nuestro diario, pausamos en estos asuntos, puede que llegue un momento en que nos demos cuenta de que repetimos ciertos estados de ánimo, o ciertos dolores, cuando sucede cierto evento o circunstancia.

Una experiencia real

Durante muchos años una mujer tuvo dolores de cabeza limitantes. Tras varias pruebas en el hospital, se le informó de cual era el problema físico que le producía aquel dolor. Después de unos 10 años, ella comprendió qué hábitos de su vida desencadenaban más crisis de dolor y trató de quitar tales prácticas de su vida, asunto nada fácil, pero que la reafirmaba en que estaba en el buen camino.

Los hábitos eran una mala postura del cuello al dormir, ciertos alimentos, el comer en demasía, y la falta de ejercicio.

Evidentemente, la postura al dormir es realmente difícil de corregir, al igual que prescindir de ciertos alimentos que eran de su agrado, y el comenzar a hacer ejercicio fue todo un reto que no superó en todos esos años, pues lo dejaba por diferentes motivos continuamente.

Con el tiempo se dio cuenta que, a pesar de todos esos esfuerzos, algunas veces el dolor limitante volvía cuando menos lo esperaba y sin ninguna motivación aparente. Hasta que, por medio del diario, se dio cuenta de que coincidían siempre con un evento similar. El evento era que recibía visita, bien fuera de familiares o amigos, esperados o inesperados. Las visitas, aunque fueran de personas a las que amaba, le producían estrés, y el estrés dolor de cabeza.

Hoy en día ya lo tiene asumido, sabe que el precio por recibir en su casa a esas personas que ama es que tendrá que tomar analgésicos y tal vez dejarlos algún tiempo para meterse en la habitación oscura y silenciosa.

El saber la motivación no le ha quitado el dolor de cabeza, pero ya conoce sus causas y sabe cómo actuar, sin pensar que tiene algo malo.

Este ejercicio te mostrará qué cosas hace que discutas siempre con ese familiar (padres, hermanos, cónyuges, etc) eventos, personas, palabras, etc. Sabido es que muchas parejas discuten por los suegros. Que muchos hermanos son rivales, porque algo les lleva a pensar que son menos en algún aspecto que su hermano, o que sus padres aman más al otro, etc.

Palabras o situaciones gatillo

Posiblemente te des cuenta de que siempre aflora una emoción cuando media cierta circunstancia o cierta palabra. Es lo que llamamos “Palabras o situaciones gatillo”. Es decir, son el detonante para que nos sintamos de una manera determinada. Si esto nos sucede, tendremos que tener la suficiente madurez para analizar el asunto y responsabilizarnos de nuestra parte en dicho asunto.

Otro ejemplo real

“Un día mi esposo y yo discutíamos por un asunto que él me planteó y que yo no estaba de acuerdo, sin que encontráramos una porción en la que ponernos de acuerdo. De pronto él, agotado, dijo:

– Siempre haces lo mismo.

Ni os podéis imaginar todas las cosas que se me ocurrieron para argumentar en ese momento, pero yo escuché el fatigado y dolorido “Siempre haces lo mismo” de mi esposo y me retiré a mi cuarto de estudio a pensar. Y era cierto, yo siempre hacía lo mismo ante un evento como el que él había planteado.

Sin embargo, yo me preguntaba… Después de más de 40 años de matrimonio, ¿aún no se ha percatado de que soy incapaz de ciertas cosas? Y estuve dándole vueltas a las muchas veces que habíamos pasado por la misma situación y por lo mismo habíamos discutido. ¿Cómo era posible que en más de 40 años aún no se hubiese enterado de qué cosas me molestaban? Vueltas y más vueltas a lo mismo, hasta que me di cuenta que el problema lo tenía yo. Aquello era un evento de lo más normal, y que normalmente a todas las personas les gusta. A todas menos a mí. Era una fobia que yo tenía, como quien tiene miedo a los perros o a cualquier otra cosa, sin tener un motivo para ello. Así que decidí acompañar a mi esposo en dicho evento y tratar de superar mi fobia.

Mejorar como personas

Después de estos ejemplos, hemos comprendido que la escritura terapéutica nos ayuda a mejorar como personas, entre otras cosas, porque nos descubre qué situaciones son las que provocan nuestros estados de ánimo, y si somos lo suficiente maduros y sinceros, detectaremos aquellos errores que cometemos de manera reincidente sin ser conscientes de ello. De esta manera podremos rectificar, aunque nos cueste. A mí me siguen molestando ciertos eventos, pero cada vez soy más capaz de enfrentarme a ellos, así que voy mejorando.

Formas de escritura terapéutica

Diario de traumas

Existen muchas formas de escritura terapéutica, como por ejemplo, el diario de traumas. En él normalmente escribimos aquello que nos ha causado un gran impacto de tal manera que nos impide llevar una vida normal por demasiado tiempo:

Un accidente, una pelea, un ataque terrorista, una riada, un secuestro, una violación, una paliza de unos progenitores, un acoso en la escuela, o el trabajo, el ataque de un animal, una acusación falsa, una infidelidad… Tantas y tantas cosas pueden traumatizar a una persona que hasta puede parecer raro no haber sufrido alguna.

Escribir sobre lo que te ha sucedido permite que podamos expresar nuestros sentimientos, sin el temor de ser juzgados. Si unos días después volvemos a escribir sobre el mismo suceso, puede que salgan a la luz matices nuevos.

Cuando ya hemos escrito varias veces sobre un asunto, releerlo y analizar las palabras que hemos usado nos dará cierta visión de cómo vamos asimilando la situación que nos ocupa. Pueden ser negativas o positivas, y que demuestren que estamos estancados en el problema y no encontramos la salida. O, por el contrario, alguna palabra nos asegura que podemos seguir adelante con nuestra vida.

  • Tal vez en un principio escribamos:

Siento tanto dolor que no quiero vivir, nunca podré perdonar el daño que se me ha hecho.

  • Después podemos escribir:

Me hizo tanto daño que me resulta difícil vivir con este dolor. No sé si seré capaz de perdonar una cosa así.

Si nos damos cuenta, las dos frases son de un gran dolor, pero no es lo mismo no querer vivir, que el que te resulte difícil vivir. No es lo mismo, nunca poder perdonar, a no saber si serás capaz de hacerlo. En esta última expresión estamos aceptando que podamos enfrentarnos a esa opción, que en un primer término negábamos rotundamente. Esto mostraría un avance positivo.

(Abro este paréntesis para decir que esto solo es un ejercicio, como reflexión de lo que es la escritura terapéutica. Pero si una persona ha sufrido algún evento que la entristece y la hace sufrir, tiene que acudir a un profesional de la salud mental. Ellos son los que están capacitados para tal menester y manejan otros parámetros)

El diario de agradecimientos o bendiciones

Esta es una de las escrituras terapéuticas que a mí más me gusta. Sirve para que personas sin ningún trauma especialmente grande, seamos más conscientes de nuestro día a día. Nos centra en el ahora y nos hace reconocer toda la felicidad y bienestar que nos envuelve, a pesar de los pequeños dramas cotidianos que nos estén sucediendo.

Este es un ejercicio que se repite durante los 21 días que duran los ejercicios de mi libro ‘Bellamorfosis‘.

Se trata de tener un diario donde cada día anotemos aquellas cosas por las que nos sentimos agradecidos, las que de alguna manera nos han hecho felices o por las que nos hemos sentido especiales.

Una persona me contó que en cierta ocasión había ido invitada al apartamento de unos amigos en la playa. Al anochecer, mientras todos los demás estaban en el salón, ella salió al balcón. El sol era apenas un resplandor naranja por poniente, el mar arrullaba pacífico extendiéndose en aquella serena inmensidad. En aquel momento sintió un arrobamiento, una serenidad, una paz, un ser parte de todo, como una especie de culminación de algo muy hermoso.

Pues ese momento tan especial es digno de estar en un diario de bendiciones.

Conocí a una mujer viuda con tres hijos, a los que a duras penas podía dar de comer. Ella acudía al mercado municipal a la hora de cerrar y buscaba entre lo que habían tirado como desperdicio los comerciantes de los puestos. Alguna fruta o verdura que no estaba en tan buen estado como para los clientes, ella la podía aprovechar. Sin embargo, lo realmente hermoso es que después ella acudía a su iglesia a dar gracias a Dios, por haberle provisto lo necesario para sus hijos.

Entendemos, pues, que nos podemos sentir agradecidos y bendecidos por muchísimas cosas y llevar un diario de agradecimiento es algo muy conveniente.

Otras formas de escritura terapéutica

Podemos incluir otras muchas formas de escritura terapéutica, como:

  • Las cartas, para dar o pedir perdón, que después no se mandan, sino que se queman.
  • Las listas de soluciones: donde se plantea un problema, y se escriben las posibles soluciones desde la más sencilla a la prácticamente imposible, todo cabe.
  • Las listas de ilusiones o propósitos, donde anotas lo que deseas y que estás dispuesto a hacer para conseguirlo, etc.

Última recomendación

Mi última recomendación, para no alargar más el asunto, es que a ser posible estos tipos de escritura terapéutica los hagas a mano. Ten un cuaderno y un bolígrafo especial para tal menester. Evidentemente, lo puedes hacer también en la computadora o en el teléfono móvil.

Pero… En el móvil termina por sucedernos lo mismo que con las fotografías. O tal vez se nos olvida algún día de escribir y ya nunca más nos acordamos de aquello que habíamos comenzado con tanta ilusión. En la computadora no, porque terminaremos enredándonos con muchos asuntos y se nos irá el tiempo.

Si tenemos el cuaderno y el bolígrafo en la mesita de noche, podremos escribir antes de dormir. De esta forma, nuestra mente estará recordando las bendiciones, nuestro sueño será mucho mejor, y siempre tendremos a mano nuestro cuaderno sin tener que abrir los dispositivos electrónicos.


Este texto sobre la escritura terapéutica formará parte del Manual de escritura” que hemos ido publicando durante 2022 y que se ha convertido en libro.

Muchas gracias por vuestra atención.

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