pedimos al mundo
Reflexiones

¿Qué le pedimos al mundo?

Algunas veces a todos nos resulta difícil responder qué le pedimos al mundo. Difícil de explicar y difícil de entender. Nos sentimos como extraños en este mundo que se supone que es nuestro hogar. Vemos a nuestros congéneres muchas veces como enemigos que quieren sacar provecho de nosotros. Nos sentimos maltratados hasta por los miembros de nuestra propia familia. Muchísimas veces nos sentimos incomprendidos e injustamente juzgados. Todos queremos tener razón y tenemos opiniones completamente enfrentadas. Y nos preguntamos ¿cómo puede ser? Si todos vivimos en el mismo planeta, si todos desean paz y felicidad. ¿Qué causa que tengamos tantas ideas enfrentadas?

Lo que es y lo que creemos que es

Todos esos sentimientos de desconfianza, de maltrato, de juicio, de enfrentamiento, en todos, todos los casos, solo tiene un 15% de realidad, según algunos entendidos en la materia. Lo demás, es decir el 85%, lo hemos creado nosotros. Este porcentaje, lo explican algunos autores mostrando una imagen de un iceberg, del cual solo apreciamos la punta que emerge de las aguas, pero nos resulta difícil de imaginar lo que está sumergido por debajo de las aguas.

Tal vez te resulte más fácil de entender si te cuento lo que algunas veces me ha sucedido.

Mis ojos son muy sensibles a la luz, si tengo poca no me veo y si es demasiada me deslumbra y tampoco me veo. Dentro de casa lo controlo, pero cada vez me resulta más difícil salir de casa de día sin gafas de sol, a pesar de que no me gusta llevarlas.

Mis paseos

Bueno pues, como sabéis, yo vivo en el campo y procuro salir a dar un paseo casi todos los días por los alrededores. Algunos días, por el motivo que sea, me he retrasado demasiado en salir, por lo que no he podido hacer tal vez los kilómetros que había pensado, porque ha comenzado a oscurecer y claro está, por el monte no hay farolas. Si bien llevo chaleco reflectante en la mochila por si algún vehículo le da por circular por la zona me pueda ver. Nunca llevo linterna porque no es mi propósito pasear por la noche.

De este modo, algunas veces he tenido que acelerar el paso para regresar a casa antes de que se cerrara la noche, solo para darme cuenta cuando llegaba a casa que llevaba las gafas de sol puestas y que no era tan de noche, por lo que hubiera podido aprovechar la luz mucho más tiempo.

Mi 85%

Jajaja ¿os dais cuenta? Yo acelerando el paso, pensando “en casa se estarán preocupando por mi” porque creía que era de noche, pero la realidad era que yo llevaba gafas de sol que distorsionaban la realidad.

El 15% era que aún era de día y el 85% que yo pensaba que era de noche, además me monté la película de que me amonestarían como otras veces que me había entretenido y se habían preocupado.

Nuestras gafas de sol

Nuestras gafas de sol en el día a día son nuestras creencias, nuestra imaginación. El pensar que lo que nosotros creemos es la única verdad hace que no atendamos a los razonamientos diferentes, ni siquiera nos interesamos por lo que otros saben. Nuestras programaciones, desde nuestra más tierna infancia, son nuestras distorsionadoras gafas de sol.

Aquel día del paseo, al llegar a casa y quejarme de que aún había luz y yo ya había regresado, mi esposo preguntó: “¿Y por qué no te has quitado las gafas?” – pues simplemente porque no me daba cuenta que las llevaba.

Algo así es lo que nos pasa con todo el mundo, pensamos que todos ven de una manera irreal y quisiéramos que se quitaran las gafas para que comprendieran la realidad, pero… ¿somos conscientes de las gafas que nosotros llevamos?

Tenemos que estar dispuestos a quitarnos las gafas, para mostrarles a los otros como se hace.

Lo que pedimos al mundo y lo que damos

Este enunciado ya comienza de manera equivocada si estamos hablando entre adultos, porque hemos comenzado pidiendo (Qué le pedimos al mundo).

Cuando alguien da, si después pide, al menos se merece que se tome en consideración su petición. Hace unos días presencié una discusión, no recuerdo en qué canal de televisión, entre una cristiana y un musulmán. La cristiana pedía tener los mismos derechos en los países musulmanes que estos tenían en España. Aquí tienen sus mezquitas, pueden adquirir sus libros sagrados en cualquier librería y se pueden reunir para sus celebraciones religiosas. La cristiana pedía poder visitar esos países, poder leer sus libros sagrados en cualquier sitio y poder encontrar un templo cristiano donde escuchar a sus guías y donde poder rezar en comunidad. A mí me pareció una petición lógica. Aunque tal vez es que llevo mis gafas de sol puestas.

Si has recibido, estate dispuesto a dar

Si alguien te da algo por voluntad propia, o porque tú se lo has pedido, en el momento que esa persona te pida algo, al menos tendrás que estudiar su petición, y plantearte preguntas a ti mismo.

– ¿Por qué no quiero acceder a su petición, si acepté lo que me dio? ¿De qué tengo miedo? ¿De qué me estoy protegiendo? Tal vez, al igual que yo te estás protegiendo de una luz muy intensa que no estás preparado para ver, pero el que a ti o a mi nos haga daño cierta intensidad de luz, no significa que a otros les suceda lo mismo.

Normalmente las negativas tienen como motivo el miedo. Miedo a perder autoridad. Miedo a perder prestigio. Miedo a perder su amor. Miedo a perder mis posesiones. Miedo a perder a esa persona, pareja, hijo, amigo.

El miedo limitante

El miedo es un sentimiento que se activa ante un peligro inminente, para que podamos reaccionar, defendernos o huir.

Pero cuando limita nuestra libertad o la de otras personas o seres, es malsano, negativo. Cuando nos enfrentamos al miedo lo primero que tenemos que hacer es quitarnos las gafas, y preguntarnos, “si no sintiera miedo, ¿lo haría?

Una vez un grupo de amigas organizamos un viaje, pero una no se atrevía a acompañarnos porque le daba miedo subir en avión. Le preguntamos:

– ¿Si no tuvieras miedo vendrías?

– Sí, sí – dijo con convicción.

Entonces vas a venir porque es la única forma que superes el miedo“, de manera que sacamos los pasajes, y aunque en el viaje de ida y de vuelta estuvo algo tensa, lo disimuló muy bien y desde entonces hemos hecho otros viajes. Sigue teniendo miedo, pero lo sigue disimulando, y puede disfrutar de nuestros viajes de amigas.

Quitémonos las gafas

Una vez sabido que nadie está en posesión de la verdad absoluta, porque todos estamos programados, por nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestras creencias, tenemos que estar dispuestos a quitarnos las gafas de sol y a trascender nuestros miedos, y… sí, aún queda más, queda lo más importante: analizar qué le pedimos al mundo.

¿Qué le pedimos al mundo?

Analiza lo que pides, algunas veces esas peticiones son en tono de queja. Por ejemplo, “Mi marido no es cariñoso”, “mi hijo no me obedece”, “mi madre se entromete en mi vida”, o cosas por el estilo.

En supuestos como estos, tenemos que pensar en lo que damos, para poder pedir, o si hemos pedido con la suficiente claridad para que nos entiendan.

Si un hijo tiene una guía sana, firme, clara, sin que se le atosigue, no será desobediente, y en caso de que él tenga una opinión diferente sobre una cuestión, la expondrá libremente y siempre se podrá llegar a un acuerdo que sea ventajosa para las dos partes.

(Proverbios 22:6) (Efesios 6:4)

Ténganse en cuenta que en proverbios se nos aconseja educar a los hijos en lo que sea bueno para ellos, no en lo que sea más cómodo para nosotros como padres.

¿Qué das?

¿Has oído hablar de la ley del espejo? Tal vez lo que pides de otros, es un reflejo de lo que tú debes de dar. Trata durante un tiempo de dar a otros aquello que tú pides y trata de aparcar tus quejas durante unos meses, cuando te des cuenta de que piensas en son de queja, reprograma tus pensamientos, respirando profundamente y diciéndote mentalmente o de manera audible, algo así como:

– Gracias, porque sé que tratas de protegerme, pero ahora no lo necesito porque estoy tomándome unos meses para comprender esta situación. Gracias, gracias, gracias.

Has sido muy amable compartiendo este tiempo conmigo. Espero que sepas analizar qué le pedimos al mundo.

Gracias, gracias, gracias.

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