perseverancia
Reflexiones

Perseverancia

Hoy me gustaría hablaros de la perseverancia. Después de 75 días de confinamiento por el covid-19, quedar con mi terapeuta y estar casi una hora, tumbada en la camilla, dejando que te cuiden y mimen, es todo un lujo. Ya no solo por la terapia, sino por poder mantener una conversación agradable, de esas que no surgen en el día a día normal. De esas que no siendo una conversación trascendental, te aleja de la rutina de hablar y repetir casi lo mismo que los últimos dos meses y medio, donde el covid-19 y el malestar político se han clavado en nuestras vidas, como si no hubiera más allá ni solución ninguna.

Una vez terminada la sesión en camilla, y como para dejar algo pendiente para nuestro próximo encuentro, me mostró un taco de una especie de fichas de cartón, con un reverso de colores brillantes y sobrios, cuya cara solo contenía una palabra.

Las fichas de cartón

Me recordó aquel ejercicio que practicábamos hace años, que consistía en apuntar en diferentes trocitos de papel los frutos del espíritu, que se encuentran en Gálatas 5:22,23. Después, doblabas cada papel, los introducías todos en un recipiente y cada día sacabas uno, para centrarte durante ese día en desarrollar esa cualidad, en todo lo que hicieras. Cuando ya los habías practicado todos, los volvías a poner en el recipiente y comenzabas de nuevo.

Es un ejercicio que recomiendo. Piensa por un momento en el trabajo que tú consideres más desagradable en este mundo y en la persona que lo realiza cada día durante muchas horas. Si practicara este ejercicio y sacara un día un papelito que tuviera que reflejar durante la jornada. Por ejemplo, el gozo.

Tendrá que encontrar qué cosas de ese trabajo le puede ofrecer motivos para que ella manifieste el gozo. Es un ejercicio que, sin duda, nos hace mejor persona y si lo practican todos los miembros de la familia, es un gustazo.

Perseverancia

Perseverancia fue la palabra que me salió en la hermosa ficha, cuyo reverso estaba pintado de un fondo dorado con largas pinceladas de rojo.

¿No es una palabra muy bonita, verdad? Al menos no la lees como las del texto de gálatas, que nos habla de amor, de la bondad, la fe, la amabilidad, etc.

Pero he decidido que ya que se me presentó, y aunque a priori no me parece muy bella, voy a tomar el tiempo de conocerla, y de paso os la presento.

¿Qué es la perseverancia?

Pues según un diccionario, perseverancia es una acción, que hace referencia a la actitud de mantenerse en una opinión o proyecto con constancia, a pesar de que las circunstancias sean adversas. Perseverar también es durar por largo tiempo.

Esta definición me ha traído a la mente algunos post de Facebook. Dos en especial. Aquel que la leyenda dice “Cambia tus hojas pero nunca olvides tus raíces“, es decir, cambia de opinión pero mantén los buenos principios. Y la otra es esa que muestra una pareja de viejetes, abrazándose tiernamente.

Y una, que está a punto de celebrar su 48 aniversario de bodas, sabe que si se mantienen con ese tierno amor no es por falta de problemas y desencuentros, sino porque, a pesar de todas la veces que ha estado a punto de romperse todo, deciden perseverar en aquella promesa de “en lo bueno y en lo malo, para siempre“.

Esa familia que no es de sangre

Y pensando en ello, me doy cuenta que esa perseverancia en mantenernos unidos ha creado un vínculo, más fuerte y más íntimo que el de sangre. Es ese vínculo de aceptarte, a pesar de no estar de acuerdo en algunas cosas; es ese vínculo de “no te puedo comprender, pero te respeto“; es ese vínculo de “ni me necesitas, ni te necesito, pero qué bueno contar el uno con el otro“.

Ese vínculo de tantos años y tantas vivencias que nos hemos modificado el uno al otro epigenéticamente. De tal manera que aunque no compartamos sangre, somos el uno del otro, “carne de mi carne y huesos de mis huesos”. (Genesis 2:23). En fin, ese vínculo racionalmente incomprensible, si no fuera porque dos voluntades deciden mantener la perseverancia.

Mi primera novela

También, para poder escribir mi primera novela, necesité perseverancia. Yo por aquel entonces trabajaba de jornada completa, de lunes a viernes, a unos 43 Km de mi casa. Normalmente, me quedaba a comer por algún restaurante de la zona.

Pero al decidir escribir la novela, me quedaba en el despacho, comía cualquier cosa y aprovechaba el receso de la comida para escribir. También tuve temporadas de levantarme a las cuatro de la madrugada, para poder escribir hasta las seis.

Con todo, me llevó dos años terminar mi novela, pero claro, era algo que yo no había hecho nunca y no quería escribir inexactitudes. Busqué estadísticas de casi todo, muertes por partos en casa, en algún año en concreto. Busqué el nombre y el estado de algunas calles, de ciertas ciudades en algún año en concreto y de tantas otras cosas. Tengo carpetas llenas de documentos y fotocopias.

Alguien me preguntó:

– Y si luego todos esos datos no los usas ¿para qué te hacen falta? Mi respuesta fue: “Me hacen falta para saber que no me hacen falta”.

Durante dos años pasan muchas cosas, dentro de la casa de una y dentro del trabajo. Además, no dejé de asistir a las conferencias o charlas a las que soy adicta. Es decir, atenderlo todo no siempre fue fácil. De vez en cuando venían los bloqueos. Otras veces venía la abundancia de inspiración, pero sabía que no tendría tiempo para escribir, ni podía detenerme para tomar notas, así que llamaba a alguno de mis hijos y les decía: “Recordarme que al protagonista X, le tiene que suceder tal cosa, porque luego lo quiero enlazar, con X evento”.

Lo cierto es que dos años pasan pronto y ahora a toro pasado, viendo todas las cosas que tuvimos que superar en ese tiempo, que fueron muchas y duras, me doy cuenta que la perseverancia también me acompañó en este desafío personal.

Felicidad y perseverancia

Pero… lo cierto es que he comenzado en esta vida muchas cosas que no he concluido. No he sido capaz de perseverar. Reflexionando sobre ello y preguntándome el porqué, he llegado a la conclusión que aquellas cosas que abandoné, no las abandoné porque no me gustasen, que algunas me gustan y mucho. Es porque no me producen el grado de satisfacción que compense el sacrificio que requiere de mí. Por esta razón, no he sido capaz de aprender ningún idioma, ni de terminar filosofía, que me gusta mucho y me quedé en el tercer año. Para que lo comprendáis, os diré que algunos años fui a corte y confección. Para mí, la ilusión de ir a elegir la tela, dibujar los patrones, el que dedicara el tiempo a confeccionar una chaqueta y no consiguiera que asentaran las mangas a la perfección, me frustraba.

Algo parecido me sucede con los bailes de salón. Me encantaría bailar y lo he intentado un par de veces, pero como normalmente esas clases las organizan por las noches, llegas tarde a casa y no te puedes dormir, pues estás toda excitada por la música y al día siguiente no rindes para tus quehaceres cotidianos y te encuentras mal. No me compensa. Esperaré a que se organicen clases matutinas.

El grado de satisfacción

En definitiva, el grado de satisfacción que nos produce una cosa, o que intuyamos que nos puede producir, es lo que nos hace perseverar en algunos asuntos, a pesar de las muchas cosas en contra.

Para mí, que se reúnan nuestros hijos en nuestra casa, en especial esos días que están graciosillos y se ríen por cualquier cosa. Tener a nuestros nietos a nuestro alrededor, poder regalar a alguien alguno de mis libros… Despertarme por la noche y ver yaciendo a mi lado a aquel jovencito de 17 años, que conocí hace ya 52, me produce un grado de satisfacción que compensa los malos ratos.

¿Y a ti, qué te transmite?

Al final tendré que concluir, que aunque en un principio a mí la palabra perseverancia me resultaba una palabra demasiado severa, demasiado rígida, es una cualidad que te permite tener en tu vida aquello que es realmente satisfactorio para ti y que vale la pena que nos esforcemos por cultivarla.

¿Y a ti? ¿Qué te trasmite esta palabra? ¿Qué has conseguido con perseverancia?

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